Donde cayó un auto, voló una mariposa
6 de septiembre de 2007
En la madrugada del 6 de septiembre de 2007, una tragedia sacudió a la ciudad de Bariloche y marcó para siempre a la comunidad. Un grupo de adolescentes perdió la vida en un hecho vial evitable, tras una salida nocturna que combinó exceso de alcohol, falta de controles y una conducción temeraria. Esta historia, atravesada por el dolor, la impunidad y la esperanza, dio origen a un movimiento social que aún hoy busca prevenir el consumo problemático de alcohol en jóvenes.
El jueves 5 de septiembre de 2007, al caer la noche, siete adolescentes del barrio Virgen Misionera, ubicado en el kilómetro 7,200 de la avenida de los Pioneros, decidieron salir sin permiso rumbo a un local bailable. Algunos de ellos aún cursaban estudios escolares y se escaparon de sus casas sin el conocimiento de sus familias. El destino fue el boliche Babilonia, un establecimiento comercial que, pese a haber sido clausurado por no contar con habilitación y acumular denuncias por vender alcohol a menores, continuaba operando a menos de dos cuadras de la Comisaría Segunda y de la Regional Tercera.
Durante la madrugada, los jóvenes consumieron abundante alcohol en el lugar. Recién cerca de las 6 de la mañana emprendieron el regreso a sus hogares a bordo de un Renault 18. El conductor era Jonny Mansilla, de 21 años. En el asiento del acompañante viajaba Yanina Márquez Cañuqueo, también de 21 años. En la parte trasera se encontraban Joaquín Chandía (22), Laura González (17), Eduardo Efraín Mansilla Vargas (17), y las hermanas Marina y María Ester Betancourt, de 14 y 15 años respectivamente.
El vehículo tomó la Avenida Bustillo en sentido oeste. A la altura del kilómetro 1,8, una zona de curvas y contracurvas, demarcada con doble línea amarilla y una velocidad máxima permitida de 40 km/h, Jonny Mansilla perdió el control del auto, que se despistó hacia la derecha, impactó contra un antiguo ciprés ubicado fuera de la banquina, y provocó la expulsión de los ocupantes de los asientos delanteros y de Joaquín Chandía. Luego, el auto cayó por un barranco de aproximadamente 14 metros hasta quedar volcado sobre su techo, casi en la orilla del lago Nahuel Huapi.
Laura Valeria González, Marina Fernanda Betancourt, María Esther Betancourt y Eduardo Efraín Mansilla Vargas fallecieron en el acto a raíz de traumatismos de cráneo. En tanto, Yanina Márquez Cañuqueo y Joaquín Chandía resultaron con politraumatismos leves que no pusieron en riesgo sus vidas, aunque sí los inhabilitaron laboralmente por menos de treinta días.
Los tres sobrevivientes, cuando llegaron los bomberos del Cuartel Central, ya habían logrado subir nuevamente hasta la cinta asfáltica por sus propios medios. Fueron trasladados al hospital fuera de peligro. Para extraer los cuerpos sin vida del interior del vehículo, los rescatistas debieron utilizar una cizalla.

Antes del amanecer, Julio González se preparaba para ir a trabajar cuando escuchó, desde su casa, tres veces la sirena del cuartel de bomberos ubicado en Yatasto y Onelli. Percibió una urgencia inusual. Más tarde sabría que su hija Laura se había escapado esa noche para reunirse con amigas. Elsa Betancourt vivió una escena similar: al despertar a las 7, se dirigió a levantar a sus hijas Marina y María Ester para ir al colegio, pero al abrir la puerta de la habitación, se encontró con las camas vacías. Pocos minutos después recibió una llamada alertándola de un accidente que involucraba a chicos del barrio. Salió corriendo desesperada a la Avenida de los Pioneros. Un vecino la acercó hasta el hospital Ramón Carrillo, donde confirmó que sus hijas habían muerto.
El hecho vial interrumpió el tránsito en la Avenida Bustillo y en la Avenida de los Pioneros, provocando un caos vehicular en la ciudad. El juez de turno, Miguel Ángel Gaimaro Pozzi, se presentó en el lugar para autorizar el traslado de los cuerpos, en medio de una escena profundamente conmocionante por la presencia de familiares y amigos de las víctimas.
Los cuerpos fueron velados en el gimnasio del Colegio Amuyen. Laura González y las hermanas Betancourt eran alumnas de esa institución, mientras que Eduardo Efraín Mansilla Vargas asistía al Taller Mujica. Ambas escuelas dependían de la Fundación Gente Nueva.
Como consecuencia del hecho, los funcionarios municipales elevaron a la justicia la denuncia por la violación de clausura del local Babilonia. La contravención administrativa se transformó en una causa penal.
El caso fue caratulado como homicidio culposo múltiple agravado por conducción imprudente y antirreglamentaria de un vehículo automotor (cuatro hechos), en concurso ideal con lesiones culposas leves (dos hechos). El fiscal Marcos Burgos y el juez Miguel Ángel Gaimaro Pozzi imputaron a Jonny Mansilla Vargas. En 2008 fue condenado en un juicio abreviado a tres años de prisión en suspenso y a diez años de inhabilitación para conducir. Sin embargo, el 18 de diciembre de 2013, Mansilla Vargas quebrantó esa inhabilitación. A las 7:50 de ese día fue divisado conduciendo un Chevrolet Classic por Avenida de los Pioneros. Al advertir la presencia policial, se fugó por calle Boock, dobló en Avenida Bustillo, donde chocó primero con una camioneta Suzuki y luego con un Volkswagen. Finalmente abandonó el vehículo antes de calle Tronador y siguió la huida corriendo, hasta ser detenido en una zona boscosa junto al lago Nahuel Huapi.
En julio de 2008, cerca del primer aniversario del hecho vial, familiares, amigos, organizaciones e instituciones crearon un espacio de reflexión y acción llamado "Mesa 6 de Septiembre", con el objetivo de abordar el consumo excesivo de alcohol en jóvenes. En el marco del Concejo Municipal se conformó la Comisión "Mesa 6 de Septiembre" para planificar y ejecutar acciones de prevención del consumo indebido de alcohol en jóvenes, con la participación de instituciones educativas, de salud, ONG, juntas vecinales y vecinos.
Allí surgió la iniciativa "Una noche sin alcohol", cuya primera edición se realizó el 6 de septiembre de 2008 en el Gimnasio Municipal N°1, con amplia participación juvenil y múltiples actividades recreativas, culturales y deportivas. Desde entonces, la Mesa 6 de Septiembre continúa trabajando anualmente. La Ordenanza 2064/2010 estableció oficialmente la realización de "Una noche sin alcohol" el primer sábado igual o posterior al 6 de septiembre, prohibiendo la venta y suministro de bebidas alcohólicas entre las 20:00 y las 08:00 del día siguiente. La experiencia se replicó en El Bolsón a través del grupo J.E.N., se expandió a la comarca andina, y en la actualidad se analiza su aplicación en San Antonio Oeste.
El 26 de diciembre de 2019 se inauguró una escultura homenaje a las víctimas, realizada por el colectivo "Herreros de la Luz" junto al artista David Varano, en un convenio con la UNRN y el municipio. Se trata de una mariposa construida con restos metálicos descartados, que incluye en sus alas corazones en memoria de los fallecidos. La obra simboliza la transformación y la liberación, reemplazando el recuerdo doloroso del antiguo ciprés por una imagen esperanzadora.
Julio González, padre de Laura, expresó que la tragedia reveló una cadena de responsabilidades. Asumió su parte como padre, pero también apuntó al funcionamiento ilegal del boliche Babilonia y a la lentitud del Poder Judicial, que tardó nueve horas en informar sobre la muerte de su hija.
La tragedia sigue viva en la memoria colectiva de Bariloche, recordándonos que cada vida perdida al volante nos obliga a cuidarnos mutuamente para evitar que la historia vuelva a repetirse.
