La tragedia de Santa Fe
8 de octubre de 2006
Varias tragedias viales han ocurrido en la provincia de Santa Fe, sin embargo, ninguna de ellas genera tanto dolor como la ocurrida el 8 de octubre del año 2006, cuando como resultado de un hecho vial, terminan muriendo 9 niños y su profesora de la escuela Ecos que venían de hacer una acción solidaria a una escuela rural de la provincia del Chaco. El hecho se convirtió en un símbolo de la lucha de sobrevivientes, padres y familiares de los fallecidos por un cambio de consciencia con vistas a evitar los hechos viales en las rutas de todo el país, conformaron la ONG Conduciendo a Conciencia de tal manera que se reflexione sobre los hechos viales.
El 8 de octubre de 2006, un grupo de estudiantes de la escuela Ecos, de Villa Crespo, emprendía el regreso a Buenos Aires tras realizar una acción solidaria en la escuela El Paraisal de Quitilipi, en la provincia del Chaco. La iniciativa, que buscaba brindar apoyo a comunidades rurales, reflejaba el compromiso social de los estudiantes, quienes viajaban acompañados tres docentes. Sin embargo, ese viaje solidario se convirtió en una de las tragedias viales más recordadas de la provincia de Santa Fe.
Aproximadamente a las 22:15, el micro de la empresa Godoy, conducido por Oscar Atamañuk, circulaba por la ruta nacional número 11, a la altura del kilómetro 689, en jurisdicción de Margarita, departamento Vera. En ese momento, Atamañuk divisó un camión Iveco con acoplado, cargado con cueros, que se desplazaba en zigzag en sentido contrario. El camión, conducido por Ángel Soto, de 28 años, se aproximaba de manera errática y, en un intento de evitar la colisión, Atamañuk cruzó de carril. Sin embargo, Soto retomó su carril a último momento, impactando de manera excéntrica pero frontal contra el micro.
El impacto resultó devastador. El camión arrancó parte del lateral derecho del micro, causando la muerte de 12 personas: los estudiantes Benjamín Bravo De La Sena, Delfina Goldaracena, Federico Ecker, Julieta Giataganellis, Daniela D'agostino, Justine Hartman, Julieta Posilovich, Lucas Levin, Nicolás Kohen, su profesora Mariana Boye, el conductor del camión Ángel Soto y su acompañante Hugo Fabián Albrecht. Las pericias confirmaron que tanto Soto como Albrecht se encontraban bajo los efectos del alcohol, con una concentración de 1,65 gr/L en el caso del conductor.

Un año después, en 2007, el Consejo Federal de Educación declaró el 8 de octubre como el "Día Nacional del Estudiante Solidario" en homenaje a las víctimas. Los familiares, sumidos en el dolor, canalizaron su lucha en la creación de la ONG Conduciendo a Conciencia, cuyo objetivo es generar reflexión sobre la inseguridad vial en el país. Con el lema "Todos fuimos, todos somos, todos podemos ser", la organización busca sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de la prudencia en el tránsito.
El caso cobró gran relevancia mediática cuando el músico Luis Alberto Spinetta, cuya hija menor había sido alumna de la escuela Ecos, adoptó la causa como propia. Su apoyo generó una cadena de solidaridad que se materializa anualmente en recitales a beneficio de escuelas rurales, comedores y centros de salud en provincias como Santiago del Estero, Corrientes, Salta, Jujuy y Chaco. Aquí no se debe dejar de acrecer además de a Luis la acción de muchos músicos que siguen trabajando hoy en día con la ONG como Los Auténticos Decadentes, Leon Gieco, Los Tipitos, Javier Malosetti, Divididos entre otros.
El proceso judicial estuvo marcado por dilaciones y errores. En 2009, Atamañuk fue absuelto en un fallo que dictó el 26 de octubre el juez correccional, Jorge Galbucera, pero la Cámara de Apelaciones de Vera anuló el fallo. En 2011, el juez Virgilio Palud lo condenó a tres años de prisión en suspenso, sin embargo, la Cámara Penal de Rafaela anuló la sentencia por una omisión clave: el acusado no había sido indagado formalmente. En 2013, el juez Jorge Fernández lo condenó a dos años y medio por homicidio culposo y lesiones culposas, pero la decisión fue nuevamente apelada ya que la defensa del chofer interpuso, un año después, un planteo de prescripción de la causa que llegó a ser tramitado en la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe, que confirmó la resolución. El fiscal general Carlos Steimayer planteó un recurso extraordinario ante la Corte nacional y tuvo un nuevo desenlace, ya que en 2019 la causa debió volver a abrirse y ser nuevamente revisada. En 2020, la Justicia falló a favor de las víctimas y condenó al conductor del colectivo tras considerar que el chofer pudo haber aminorado la marcha al ver que conducía de manera imprudente el camionero y así, quizás, evitado la tragedia vial.
El hecho evidenció falencias en el sistema judicial santafesino de aquel entonces, donde las víctimas y sus familias no podían participar activamente en el proceso, quedando a merced de la actuación del Estado como único fiscalizador. Con el tiempo, se incorporó la figura de la querella, permitiendo una mayor intervención de los damnificados.
Las pericias técnicas determinaron que Atamañuk no realizó la maniobra más segura. Ante la presencia de un vehículo zigzagueante en la distancia, debió haber reducido la velocidad y detenerse en la banquina de su mano derecha. De haber actuado de esta manera, no solo habría evitado la colisión, sino que, en caso de impacto, este habría sido de menor magnitud.
En 2022, aún sin sentencia firme, Atamañuk continuaba desempeñándose como chofer profesional, lo que pone de manifiesto las demoras en la administración de justicia y la falta de garantías en la seguridad vial. La prolongación del proceso no solo deja sin respuesta a los familiares (ya que 16 años más tarde no se si se puede seguir hablando de justicia), sino que también plantea interrogantes sobre la efectividad del sistema judicial para prevenir futuros hechos viales.

Además, los padres de las víctimas creyeron que existieron responsabilidades que siguen impunes, entre ellos: la Policía que dejó circular al camionero, la estación de servicio que le vendió el alcohol y lo dejó irse cuando estaba borracho y el personal de peaje que no dio aviso de su estado.
La tragedia de Santa Fe se convirtió en un símbolo de lucha por una mayor conciencia vial en el país. La organización Conduciendo a Conciencia sigue trabajando incansablemente para transformar el dolor en acciones concretas que busquen evitar que hechos como este vuelvan a repetirse.
