Dos veces la misma curva
21 de septiembre de 2023
El jueves 21 de septiembre de 2023 amaneció despejado en San Martín de los Andes. Nada hacía prever que ese día terminaría marcado por una tragedia que sacudiría al Ejército Argentino y conmovería a toda la provincia de Neuquén. Lo que comenzó como una rutina de adiestramiento invernal en las inmediaciones del lago Lolog terminó en un hecho vial con consecuencias fatales. Un camión militar con 22 soldados a bordo cayó por un barranco de más de diez metros tras perder el control en una curva cerrada. Cuatro jóvenes murieron, y dejó en evidencia la delgada línea entre la práctica y el riesgo, y puso en primer plano el debate sobre las condiciones de transporte del personal militar, el estado del parque automotor, y los márgenes de error que, en caminos de montaña, rara vez otorgan segundas oportunidades.
El jueves 21 de septiembre de 2023, una sección del Escuadrón Montado "B" del Regimiento de Caballería de Exploración de Montaña 4° partió hacia la zona de Laguna Rosales, en las cercanías del lago Lolog, para realizar prácticas de adiestramiento operacional en esquí. La jornada transcurrió sin sobresaltos. Una vez finalizadas las actividades, los soldados guardaron el equipo y se dispusieron a regresar al cuartel "Coraceros General Lavalle", ubicado en San Martín de los Andes.
El regreso se realizó a bordo de un camión militar Mercedes Benz L1518, fabricado en 1982, con caja playa y cubierto con lona, para el transporte de personal. A esa altura, el vehículo ya contaba con 41 años de antigüedad. Al volante iba la cabo Alejandra Romero.
Minutos después de las 14:00, el camión avanzaba por la Ruta Provincial 62, un camino de montaña asfaltado pero sinuoso, con curvas pronunciadas y fuerte pendiente, especialmente en la zona conocida como la "Curva del Caracol", ubicada a menos de tres kilómetros del escuadrón. Fue allí, en una curva cerrada que bordea un barranco, donde se ejecutó una maniobra de sobrepaso a otro vehículo.
Para concretar esa maniobra, el camión superó los 42 km/h, una velocidad inadecuada para la geometría del tramo y las características del vehículo. En medio de la curva, el conductor perdió el control del rodado: no logró mantener la trayectoria y el camión se despistó al salir de la curva. En su trayectoria descontrolada, impactó contra el guardarraíl perimetral —sin capacidad de contener un vehículo de ese porte— y cayó por un barranco de más de 10 metros de altura.
El vehículo terminó prácticamente en el patio de una vivienda, a apenas diez metros de la construcción principal. Fue la familia que habitaba esa casa quien, a las 14:27, realizó el llamado de emergencia y dio aviso de lo sucedido.

Los rescatistas lograron llegar al lugar del hecho vial por un camino vecinal que conduce a una vivienda cercana. Al arribar, encontraron el camión completamente volcado, con las cuatro ruedas hacia arriba: había caído de punta y quedó apoyado sobre su carrocería. Esta posición dificultó las tareas de auxilio, ya que fue necesario levantar toda la estructura del vehículo para poder rescatar a los heridos que habían quedado atrapados debajo.
Trabajaron en el rescate personal del cuartel de Bomberos Voluntarios de San Martín de los Andes, integrantes del Sistema Integrado de Emergencias de Neuquén (SIEN), médicos y enfermeros del Hospital Ramón Carrillo, brigadistas del ICE, efectivos del Ejército y agentes de la Policía del Neuquén. Las tareas más urgentes se extendieron hasta las 17:30, justo cuando comenzó a llover sobre el terreno inestable.
Durante las primeras maniobras, se constató el fallecimiento de cuatro jóvenes militares: el Cabo Primero Cristian González (29 años), el Cabo Martín Román (23), el soldado voluntario Oscar Morales (21) y la soldado voluntaria Guadalupe Canuillan (19). Nueve de los heridos más graves, con lesiones por aplastamiento y traumatismos cerrados, fueron derivados al hospital Ramón Carrillo. Otros nueve, con heridas de menor gravedad, fueron trasladados a la clínica Chapelco. En total, resultaron heridos 18 militares:
- Sargentos: Gonzalo Ledesma, Claudio Manqui y Emiliano Linder
- Cabos: Fernando Ramos, Santiago Barrera, Marcos Steinhaus, Oscar Jaramillo y Alejandra Romero (quien conducía el camión)
- Soldados Voluntarios: Brian Cariman, Alexis Aqueveque, Santiago Vázquez, Agustina Sandoval, Jonathan Epullan, Mauricio Cheuquepan, Jerson Irusta, Fabián Gueche, Michael Medina y Morena Bianchero
Cerca de las 15:00, el subsecretario de Defensa Civil y Protección Ciudadana de la provincia, Martín Giusti, confirmó públicamente el hecho vial y difundió los nombres de las víctimas fatales. Dos horas y media más tarde, se logró completar la evacuación total del lugar.
El referente del cuartel de Bomberos de la localidad, Fabián González, recordó que 15 años antes, un Unimog del Ejército tuvo la misma caída en el mismo lugar, al lado de la misma vivienda. En esa ocasión, iban tres soldados pero sólo uno resultó con heridas de gravedad.
La magnitud del hecho vial conmovió a toda la provincia de Neuquén. Como señal de respeto y homenaje a las víctimas, el gobierno provincial decretó dos días de duelo a partir del jueves 21 de septiembre de 2023. Durante ese lapso, las banderas nacional y provincial permanecieron izadas a media asta en todos los edificios públicos, y se dispuso un minuto de silencio en los actos oficiales celebrados durante esos días.
Ese mismo jueves por la tarde, el gobernador Omar Gutiérrez expresó públicamente sus condolencias a través de los canales oficiales. A él se sumaron numerosos referentes de la política nacional, entre ellos varios candidatos a las elecciones próximas. Patricia Bullrich, Sergio Massa, Victoria Villarruel, Jorge Taiana y Cristian Ritondo, entre otros, manifestaron su pesar en redes sociales, haciendo que el nombre de San Martín de los Andes se convirtiera en tendencia durante horas.
Desde la clínica Chapelco, el director médico Miguel Ángel Ciavarelli explicó que se activó el protocolo de bajas en masa al comenzar el operativo sanitario. A pesar de la gravedad del hecho, no fue necesario solicitar refuerzos externos: el equipo médico respondió de inmediato, y varios vecinos se acercaron espontáneamente a colaborar. La atención de los pacientes regulares del sanatorio no se vio interrumpida.
A las 19:00 del mismo jueves, el director del hospital Ramón Carrillo brindó un parte médico: uno de los heridos, el Cabo Primero Fernando Ramos, había sido dado de alta por sus propios medios; otros cuatro se encontraban en sala general con evolución favorable; dos más, que permanecían en terapia intensiva, estaban próximos a ser trasladados también a sala general. El tercero, en cambio, debía continuar bajo monitoreo estricto debido a lesiones pulmonares de consideración.
Esa misma noche, a las 20:53, el Soldado Voluntario Fabián Gueche, con una lesión compleja en columna y cadera, fue derivado de urgencia en un avión sanitario al hospital Castro Rendón, en la capital provincial.
Para el sábado 23 de septiembre, el estado general de los heridos mostraba signos de mejoría. En la clínica Chapelco, dos soldados continuaban en terapia intensiva; en el hospital Ramón Carrillo, uno seguía en esa condición y otros seis estaban ya en sala común. El paciente trasladado a Neuquén capital había sido desconectado de la asistencia respiratoria mecánica, respondiendo positivamente a los tratamientos.
Ese mismo sábado se realizó la despedida de Oscar Morales, de 21 años, uno de los dos soldados fallecidos oriundos de Neuquén —la otra, Guadalupe Canuillán, también tenía raíces en la provincia—. Los restos de Cristian González, nacido en Tartagal, y de Martín Román, de Salvador Mazza, ambos de la provincia de Salta, fueron trasladados en una aeronave (un Cessna Grand Caravan C208B EX con identificación AE-227) del Ejército hacia su tierra natal para ser entregados a sus familias.
Poco antes del hecho vial, el martes 19 de septiembre, Oscar Morales le había confesado a su amigo Santiago Sepúlveda que estaba cansado y pensaba en abandonar el Ejército. Santiago, quien hasta hacía dos meses formaba parte del mismo regimiento de Caballería de Exploración de Montaña 4, había dejado las filas por motivos personales. Nunca imaginó que, de haber continuado, podría haber sido parte del mismo contingente. En contraste, Guadalupe Canuillán —oriunda del paraje Villarino— había ingresado en agosto de 2022, amaba las jineteadas y soñaba con desarrollarse dentro de la institución militar.
Una semana después, el jueves 28 de septiembre, los padres de Oscar Morales —Sonia Beatriz Flandes y Oscar Raúl Morales— publicaron una carta abierta en la que denunciaron públicamente lo que consideraban negligencia e incompetencia por parte del Ejército Argentino. Hicieron responsables directos al Jefe del Regimiento de San Martín de los Andes y a sus superiores, incluyendo al Ministro de Defensa. En ese mismo documento, solicitaron la destitución del Teniente Coronel Hernán Javier Chamadoira y exigieron el retiro de circulación de vehículos militares que consideran obsoletos. Ese día, a las 18:00, unas 200 personas se manifestaron en la rotonda que conecta la Ruta Nacional 40 con la Ruta Provincial 62. Marcharon hasta el Puesto 1 del Regimiento, portando pancartas, fotografías de los soldados fallecidos y banderas argentinas, con la consigna clara de exigir el relevo del jefe militar.
Para el 1 de octubre de 2023, el número de internados había descendido a cinco. El Sargento Emiliano Lindner, internado en el hospital Ramón Carrillo, había salido de terapia intensiva y continuaba su recuperación en sala común. La cabo Alejandra Romero —quien conducía el camión siniestrado— también seguía en la misma institución, con evolución favorable. El único paciente que continuaba internado en el Castro Rendón había sido operado con éxito y mostraba avances en su recuperación. La Soldado Voluntaria Agustina Sandoval, tratada en el Hospital Militar Central de la Ciudad de Buenos Aires, también había sido intervenida quirúrgicamente y evolucionaba positivamente. El Soldado Voluntario Brian Cariman, por su parte, continuaba en la unidad de terapia intensiva de la clínica Chapelco.
El sábado 10 de octubre de 2024, los familiares de los soldados fallecidos instalaron una pequeña capilla en el sitio exacto donde el camión se precipitó, como gesto de memoria y respeto. Junto a ella, colocaron un cuadro con los nombres de quienes perdieron la vida en aquel hecho vial. Durante la ceremonia, Sonia Flandes —madre de Oscar Morales— tomó la palabra para denunciar que, incluso un año después de la tragedia, persisten las condiciones inseguras en el transporte de tropas.
La fiscal provincial María Inés Gerez imputó a la conductora del camión militar — la cabo Alejandra Romero — por el delito de "homicidio culposo agravado por la pluralidad de víctimas", una figura penal que contempla una pena de entre 3 y 6 años de prisión.

Sonia Beatriz Flandes, madre de Oscar Morales, no cree que toda la responsabilidad recaiga sobre la conductora del camión. Se preguntó si esa joven tenía licencia habilitante y la capacitación necesaria para conducir un vehículo de ese porte. Y recordó que dentro del Ejército los soldados obedecen órdenes; alguien le indicó que subiera al camión y ella, como subordinada, lo hizo sin poder cuestionar su idoneidad. Sonia expresó su deseo de que la tragedia que se llevó la vida de su hijo sirva para evitar que algo similar vuelva a ocurrir, aunque un año después mantiene su escepticismo: "Los siguen llevando sentados en una tarima, sin cinturón de seguridad, por caminos con una peligrosidad latente".
En la misma línea, Andrés Gutiérrez —tío de Oscar— sostuvo que la conductora también es una víctima. Y desde mi perspectiva, la mayor responsabilidad recae en quien tenía a cargo el vehículo: el que le ordenó conducirlo. Si se es responsable de una máquina riesgosa, también se debe tener pleno conocimiento de a quién se le entrega. La vía pública no puede ser un campo de prueba.
Lo más grave es que esto ya había ocurrido. El domingo 23 de marzo de 2008, un camión Unimog del mismo regimiento, en el mismo camino de regreso, sufrió un hecho vial similar. Al mando iba el sargento primero Carlos Servín, con el suboficial Roberto Cortez y el soldado voluntario Juan Armando Currumil. Este último terminó con lesiones severas que pusieron en riesgo su vida.
Aquí es importante pensar que aunque fueran militares, al transitar por un espacio público ponen en riesgo a los civiles y por eso deben cumplir todos los requerimientos que involucra transitar por una vía pública, porque esos requerimientos son justamente para salvar a la gente de un accidente. En el ámbito civil, un vehículo de 42 años no estaría habilitado para transportar personas.
Puede llamar la atención la distancia de caída del vehículo, pero lo que verdaderamente importa no es sólo cuántos metros descendió, sino la energía con la que impactó contra el fondo del barranco. Desde 12 metros de altura, un vehículo cae con una velocidad final cercana a los 55 km/h. Esa es, en términos prácticos, la misma violencia que se experimenta en un choque frontal urbano. El dato invita a reflexionar que si los pasajeros hubieran viajado con los mismos niveles de protección que ofrece hoy cualquier vehículo civil, es muy probable que la mayoría de los heridos hubieran tenido sólo lesiones leves.
Finalmente, no puede pasarse por alto el estado de la infraestructura. Si una ruta está habilitada para camiones de ese tamaño, los guardarraíles deben tener capacidad para contenerlos. No es la primera vez que ocurre. Y justamente por eso, el Ejército debería ser el primero en exigir medidas de seguridad reales para su personal.
